Por qué las películas y canciones tristes pueden mejorar tu estado de ánimo

Buscar deliberadamente una película que haga llorar o una canción que evoque nostalgia puede parecer contradictorio si el objetivo es sentirse mejor. Sin embargo, investigaciones recientes en psicología y musicología sugieren que exponerse a relatos conmovedores no solo no daña el bienestar emocional, sino que puede fortalecerlo.

El profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Tilburg, Ad Vingerhoets, ha estudiado durante años la respuesta humana al llanto y a las emociones intensas provocadas por el cine. En sus experimentos, observó que el 100% de las personas que lloraban tras ver una película dramática reportaban un peor estado de ánimo inmediatamente después de la proyección. Es decir, la tristeza es real y medible en el corto plazo.

No obstante, ese efecto negativo es transitorio. Entre 20 y 90 minutos después, la mayoría de los participantes recuperaba su estado de ánimo previo, e incluso reportaba sensaciones de alivio o consuelo. Según Vingerhoets, este proceso revela que el llanto puede transformarse en una experiencia reguladora: el dolor momentáneo da paso a una sensación de liberación emocional.

La elección consciente de historias tristes también responde a una motivación psicológica particular. Muchas personas buscan emociones intensas en entornos seguros, del mismo modo que otros optan por el cine de terror para experimentar miedo sin riesgo real. El arte ofrece un espacio controlado donde es posible explorar sentimientos complejos sin consecuencias directas en la vida cotidiana. Esta exposición voluntaria permite identificar, aceptar y procesar emociones que a menudo se evitan en contextos reales.

El fenómeno se repite en la música. Emery Schubert, investigador de la Universidad de Nueva Gales del Sur y líder del Laboratorio de Musicología Empírica, analizó por qué las personas disfrutan canciones tristes. En uno de sus estudios, el 82% de los participantes afirmó que eliminar la tristeza de sus canciones favoritas disminuiría considerablemente el placer que les generan. Lejos de ser un obstáculo, la emoción melancólica intensifica la experiencia estética.

Schubert plantea que el arte permite “experimentar emociones negativas sin las consecuencias negativas habituales”. En este contexto, la tristeza no se vive como amenaza, sino como una vivencia profunda que puede resultar reconfortante. Desde el punto de vista biológico, escuchar música triste o ver escenas conmovedoras puede estimular la liberación de neurotransmisores asociados al alivio, como las endorfinas, generando una sensación de consuelo similar a la que produce la empatía de un amigo cercano.

Además, el cine y la música melancólica fomentan la introspección. Al enfrentarse a relatos cargados de emotividad, las personas tienen la oportunidad de reconocer sentimientos que quizá no habían verbalizado. Este proceso favorece la autoobservación y el autoconocimiento, habilidades fundamentales para la regulación emocional.

Diversos especialistas coinciden en que el arte triste funciona como una forma de “entrenamiento emocional”. Experimentar una amplia gama de emociones en un entorno seguro ayuda a desarrollar recursos internos para afrontar situaciones complejas en la vida real. La exposición repetida a estas experiencias puede fortalecer la resiliencia y la capacidad de gestionar el estrés.

En última instancia, la recompensa de dejarse emocionar radica en la mezcla singular de tristeza y satisfacción. Las lágrimas no siempre son señal de debilidad; en muchos casos, representan una vía de liberación y comprensión personal. Consumir relatos tristes, ya sea en el cine o en la música, puede convertirse en una herramienta para explorar el mundo interior, aprender a enfrentar desafíos y enriquecer la vida emocional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *