La ciencia explica cómo preparar el té para aprovechar al máximo sus beneficios

El té vuelve a ocupar un lugar protagónico entre quienes buscan mejorar su salud de manera natural. Sin embargo, no todas las tazas ofrecen los mismos efectos. Una revisión científica reciente reveló que tanto el tipo de hojas como el método de preparación pueden marcar una diferencia significativa en la prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

El análisis, publicado en la revista Beverage Plant Research y difundido por Women’s Health, señala que el consumo de té preparado de forma tradicional, especialmente con hojas enteras o en su versión matcha, puede asociarse a una reducción del riesgo de enfermedades crónicas como diabetes, afecciones cardíacas e incluso ciertos tipos de cáncer. En contraste, las versiones procesadas o industrializadas no ofrecen los mismos beneficios y, en algunos casos, pueden anularlos.

La diferencia radica principalmente en la concentración de compuestos antioxidantes presentes en la bebida. Sustancias como los polifenoles y las catequinas desempeñan un papel clave en la protección celular y la reducción de la inflamación. Estos antioxidantes ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas inestables relacionadas con el envejecimiento celular y el desarrollo de diversas patologías crónicas.

Según explicó la dietista registrada Keri Gans, licenciada en nutrición por la Ohio University, el té preparado con hojas enteras conserva una mayor cantidad de compuestos bioactivos en comparación con las versiones procesadas. Esto se traduce en una mayor capacidad para proteger el sistema cardiovascular y favorecer el equilibrio metabólico.

El método de elaboración también resulta determinante. El dietista Scott Keatley, formado en el Brooklyn College, destaca que el té recién hecho, infusionado de manera tradicional, garantiza una mejor preservación de los antioxidantes. Por el contrario, los tratamientos térmicos industriales, el almacenamiento prolongado y la adición de conservadores pueden disminuir la concentración de estos compuestos y modificar su perfil nutricional.

En este contexto, el té verde de hoja entera y el matcha emergen como las opciones más recomendadas. El primero mantiene la estructura original de la planta, lo que favorece la conservación de sus nutrientes. El segundo, elaborado a partir de hojas pulverizadas, concentra niveles aún más altos de catequinas, polifenoles y cafeína, ya que se consume la hoja completa en forma de polvo disuelto.

No obstante, los especialistas advierten que el matcha debe ingerirse con moderación debido a su mayor contenido de cafeína. Además, subrayan la importancia de evitar el agregado de azúcar o reducirlo al mínimo posible, ya que los edulcorantes y jarabes presentes en tés embotellados o bebidas tipo bubble tea pueden contrarrestar los efectos positivos asociados al consumo natural.

La evidencia sugiere que incorporar té preparado dentro de una alimentación equilibrada puede convertirse en un aliado sencillo para mejorar la salud cardiovascular y metabólica. Sin embargo, los expertos coinciden en que no se trata de una solución aislada ni milagrosa. El té funciona como complemento dentro de un estilo de vida saludable que incluya una dieta balanceada, actividad física regular y control del consumo de azúcares añadidos.

En definitiva, la clave no está solo en beber té, sino en cómo se elige y cómo se prepara. Optar por hojas enteras, preparar la infusión de forma tradicional y evitar versiones industrializadas puede marcar la diferencia entre una bebida aromática más y un verdadero aporte a la salud.

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